Madrid (España).- El mágico poder de la música latina con sabor dominicano quedó demostrado el pasado domingo cuando, a ritmo de bachata y merengue, Juan Luis Guerra y 4-40 estremecieron a quienes se dieron cita al madrileño WiZink Center.

El reto de Juan Luis y 4-40, deleitar a una fanaticada que no los disfrutaba desde el 2019, y lo consiguieron con creces.

Al compás de las primeras melodías y la aparición de su prominente figura, una estruendosa ovación presagió lo que sería un concierto inolvidable. 

Entre Mar y Palmeras es el nombre del tour con el que el afamado cantautor y su banda alegraron a las más de 16 mil personas que se dieron cita en el popular estadio de la comunidad de Madrid; proeza que repitió en otras ciudades españolas como Valencia y Barcelona.

Buena parte del repertorio de la noche forma parte de sus más recientes producciones discográficas “Privé” (2020) y el directo “Entre mar y palmeras” (2021). 

Pero ojo, muchos de sus más destacados clásicos también estuvieron presentes. Entre ellos:  “Rosalía”, “El Farolito”, “Visa para un sueño”, “La Bilirrubina”, “El Niágara en bicicleta”, “Las Avispas”, “A pedir su mano”, “Kitipun” y “Pambiche de novia”.

A lo largo de todo el concierto se podían ver banderas latinas, en su mayoría dominicanas, ondeando al son de la contagiosa música. En una de las pausas, cuando el artista pasó lista del público por sus nacionalidades, llamó considerablemente la atención la cantidad de venezolanos que expresaron su afecto hacia Guerra.

Otros momentos de complicidad se vivieron cada vez que el cantutor convertía al público en su coro privado. 

Las primeras notas de La Bilirrubina provocaron un estallido de emociones en el público que Juan Luis y su agrupación entendieron perfectamente, por lo que invitaron a sus seguidores a realizar una coreografía conjunta en la que sus brazos parecían palmeras movidas con entusiasmo y coordinación. 

Ambientación caribeña

Un DJ se encargó de “poner en salsa” a la concurrencia. Cosa que logró especialmente mezclando temas de 4-40. 

La escenografía fue otro de los grandes cómplices de la velada. Las imágenes tropicales y los instrumentos musicales, las luces y el sonido se combinaron con una banda vestida de estampados caribeños que transportaba con musical facilidad a alguna de las hermosas playas dominicanas. Mientras que el propio Juan Luis, con chaqueta, gorra y pañuelo rojo, hacía recordar por momentos a los chulapos madrileños.